Encuentro Septiembre-Octubre 2014

 

Encuentro

   
SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2014

Escolapios de México

   

 

 

 

 

 

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Mi vocación  

CHISTORÍN

Una señora se le acerca a un chavo greñudo después de misa y le dice: “Joven, ¿por qué no se corta el pelo?”

El chavo le contesta: “¿No ha oído hablar del Nazareno?” La señora, pensativa, le pregunta: “NO, eso qué es, ¿un grupo de rock?”

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SI HACES REÍR A ROBERTITO SERAS PUBLICADO

Víctor Carreras F. Sch. P.  

Nací en Deseadilla, municipio de San Felipe, Gto. Mi comunidad es pequeña, tendrá alrededor de 250 a 300 habitantes. La mayoría de la gente se dedica a sembrar maíz, frijol y calabaza. Los jóvenes prefieren irse a las ciudades o a los Estados Unidos a trabajar.

Mi llamado comienza a la edad de 8 años, cuando el P. Juan Antonio me hace una invitación a servir en el altar como acólito, sin pensarlo mucho acepté. Regresé a la casa y se lo dije a la abuela quien se puso muy contenta brindándome su apoyo. Yo me sentía muy contento y nervioso a la vez, por lo que me estaba pasando.

Llegó el gran día de mi debut como acólito, el estar junto al padre en el altar, la iglesia a su máxima capacidad, todos mis amigos hasta adelante para verme, hizo que sintiera cómo mi pequeño corazón empezaba a latir cada vez más fuerte por la emoción. Durante la misa el padre me apoyó en cada momento y con señas me iba diciendo que seguía. Gracias a Dios todo salió bien. Al salir de misa no faltaron las clásicas burlas de los amigos, unos me decían campanita, otros santito, etcétera.

A partir de ahí se empieza a fraguar mi vocación:voy sintiendo en mi interior una gran felicidad. Ya no me importaban las burlas ni el qué dirán, sólo quería servir en el altar. El padre Juan me inspiró, veía todo lo que hacía en misa y en la comunidad, mientras tanto yo por dentro me decía: “cuando sea grande quiero ser como él.” También recuerdo que en la casa lo imitaba, según yo celebraba misa, casaba a mis hermanos, primos y amigos.

El tiempo seguía curso, el P. Juan dejó el cargo de párroco para irse a Roma a estudiar. Yo continuaba de acólito en mi comunidad. Toda la gente me decía que me metiera al seminario, esa era mi ilusión, pero no tenía acompañamiento ni información. Me llegué a sentir solo, frustrado, desilusionado porque miraba a mis papás, a mi abuela, que no contaban con los medios económicos para ayudarme a estudiar.

 

 

 
     

Algo para reflexionar…

Ne 2, 17.20

Jerusalén está en ruinas, sus puertas: incendiadas. Mira cómo quedó la pobre Jerusalén; acaba de pasar una gran batalla. Mira sus murallas, han quedado en ruinas. Pobre Jerusalén: la han debilitado, ha sufrido un gran daño. Pero se puede reconstruir, así no se va a quedar. El Señor del cielo está con nosotros y hará que tengamos éxito en la reconstrucción.

 
     

La gran batalla ha pasado, al menos eso creo, ¡por fin un momento de paz! –Se escucha dentro de la ciudad– es momento de reconstruir la muralla y reforzar las puertas que quedaron en pie, las demás hay que reconstruirlas más resistentes, para que no pueda entrar el enemigo. La batalla fue muy dura y obscura, ha habido pérdidas muy valiosas, el enemigo es poderoso, nos ha dejado en la ruina, pero con vida... El Dios del cielo salió a nuestro encuentro y nos ayudó. Ahora hay que reconstruir lo destruido, hay que levantar unas murallas más altas y más fuertes y unas puertas más resistentes... Jerusalén no te confíes. La batalla aún no termina, quizá apenas es el comienzo. El enemigo te está observando, ¡cuidado! Está planeando un nuevo ataque y éste será más fuerte que el anterior...

¡PREPÁRATE, NO BAJES LA GUARDIA! Derrumba esas falsas y débiles murallas para construir nuevas. Deja que Dios te acompañe y guíe hacia la victoria, pues cuando tus fuerzas se han debilitado, Él peleará por ti. No olvides: El Señor hará derivar hacía Jerusalén, como un río, la paz.

Alberto Roaro Moreno Sch. P.